Muchos entusiastas que suspiran por el regreso de las Steam Machine han optado por fabricar sus propias alternativas artesanales. Sin embargo, gracias al exploit compartido por Andy Nguyen, ahora es posible ejecutar Linux en PS5, permitiendo a los expertos de Digital Foundry poner a prueba la arquitectura de Sony bajo un ecosistema abierto para medir su verdadera potencia bruta.
El hardware de Sony bajo el microscopio de Ubuntu
Lograr que una PlayStation 5 se comporte como una torre de escritorio no es una tarea apta para todos los públicos. Existe un muro infranqueable para la mayoría: el sistema requiere el firmware 4.50 (lanzado a finales de 2021) o versiones anteriores. Si eres de los que mantiene su consola al día, esta puerta está cerrada. Aun así, para quienes poseen una unidad «congelada en el tiempo», las posibilidades son fascinantes, aunque no exentas de asperezas, como la limitación actual de no poder superar la resolución 1080p.
En las pruebas de Geekbench 6, el modo boost de la CPU arrojó resultados que calcan el rendimiento multinúcleo de un AMD Ryzen 5 3600. Por su parte, el rendimiento mononúcleo se situó en cifras muy similares a las de un veterano Intel Core i7 7700. Es, a todos los efectos, un PC de gama media equilibrado atrapado en un chasis de diseño futurista.
La capa Proton: Juegos de PC en ADN de consola
Para transformar este experimento en una «Steam Machine», se utilizó la capa de compatibilidad Proton, la misma tecnología que hace magia en la Steam Deck. Los resultados en títulos de alto presupuesto son, cuanto menos, sorprendentes:
- Black Myth: Wukong: El rendimiento fue prácticamente indistinguible de la experiencia nativa en consola. Con el modo boost activo, incluso se rascaron algunos fotogramas extra por segundo.
- Crimson Desert: En este título, que suele castigar con dureza al procesador, la PS5 bajo Linux logró igualar la fluidez del modo rendimiento oficial de la consola.
- Pragmata: Aquí es donde el sueño muestra sus costuras. Aunque el inicio es prometedor, el juego sufre tirones constantes al avanzar.
El cuello de botella de la memoria unificada
A pesar de este «éxito», ejecutar juegos de PC en una arquitectura diseñada para APIs cerradas tiene un precio. El gran obstáculo que detectó Digital Foundry es la gestión de la memoria unificada. A diferencia de un PC con VRAM dedicada, Linux en PS5 parece sufrir cuando los juegos intentan exprimir todo el ancho de banda del sistema, algo muy común en los ports de Sony para PC.
Esta limitación provoca que títulos que dependen críticamente del streaming de texturas o de grandes buffers de memoria no funcionen con la finura esperada. Sin embargo, la versatilidad que gana la máquina es innegable: desde emuladores de PS3 como RPCS3 hasta aplicaciones de productividad, la PS5 demuestra que es mucho más que un reproductor de discos 4K.
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