Durante años, el calendario de Nvidia ha sido casi predecible. Nuevas generaciones, revisiones intermedias y un flujo constante de lanzamientos mantenían viva la conversación en torno al PC gaming. Este año, sin embargo, el silencio empieza a tener peso propio. Las señales no llegan desde un evento ni desde un teaser oficial, sino desde los ajustes internos de una compañía que parece haber asumido que su centro de gravedad ya no está donde solía.
El negocio que manda ya no es el gaming
Según fuentes citadas por The Information, Nvidia podría atravesar todo el año sin anunciar nuevos modelos de tarjetas gráficas para juegos, algo inédito en su trayectoria reciente. La razón no es técnica ni comercial en el sentido tradicional: el auge de los sistemas de inteligencia artificial ha convertido a los aceleradores de cómputo en un producto mucho más rentable que las GPU orientadas al consumo.
La escasez de memoria —especialmente de chips de alto rendimiento— ha obligado a priorizar. Nvidia estaría destinando sus cuotas disponibles a equipar aceleradores para centros de datos, relegando a un segundo plano la producción de gráficas gaming. Algunas fuentes hablan incluso de recortes del 30–40 % en los volúmenes de fabricación de la actual generación GeForce RTX 50, lo que encaja con el incremento de precios observado en tiendas de distintas regiones.
Aunque la compañía insiste públicamente en que la demanda de GeForce RTX sigue siendo elevada, el contexto industrial dibuja otro escenario: menos unidades disponibles y una competencia directa entre segmentos por los mismos recursos.

Kicker y RTX 60: proyectos terminados que no verán la luz
De forma paralela, se ha conocido que Nvidia tenía prácticamente lista una familia de tarjetas conocida internamente como Kicker. Esta revisión debía situarse ligeramente por encima de las RTX 50 actuales, manteniendo la arquitectura pero ajustando especificaciones. El desarrollo estaría completo, pero su lanzamiento habría sido pospuesto sin fecha, con la memoria redirigida al segmento servidor.
El impacto no se quedaría ahí. Los planes para una generación más ambiciosa, las GeForce RTX 60 basadas en arquitectura Rubin, también habrían sufrido retrasos. Mientras que Rubin ya está entrando en producción para aceleradores de centros de datos —con disponibilidad prevista para la segunda mitad del año—, su versión para consumo podría llegar bastante más tarde de lo inicialmente esperado.
Los números ayudan a entender el giro: en los primeros nueve meses del último ejercicio fiscal, el gaming representó solo el 8 % de los ingresos de Nvidia, frente al 35 % que alcanzaba antes de la irrupción de ChatGPT en 2022. En contraste, los aceleradores de cómputo generan márgenes muy superiores, con retornos que duplican a los de las GPU gaming.
Un mercado que cambia sin pedir permiso
El mensaje implícito es contundente. Nvidia sigue vendiendo tarjetas gráficas para jugar, pero ya no estructura su negocio alrededor de ellas. El PC gaming pasa a ocupar un papel secundario en una estrategia dominada por centros de datos, modelos de lenguaje y cargas de trabajo masivas.
Para el usuario final, las consecuencias son directas: menos lanzamientos, menor disponibilidad y precios tensionados. Para el mercado, supone asumir que la referencia histórica del sector ya no responde a los mismos incentivos. Nvidia no abandona el gaming, pero lo coloca en una posición muy distinta a la que tuvo durante la última década.
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FAQ
Las informaciones actuales indican que Nvidia podría no anunciar nuevos modelos gaming durante todo el año.
La escasez de memoria y la mayor rentabilidad de los aceleradores para IA están forzando esa decisión.
Una revisión de las RTX 50 ya desarrollada, cuyo lanzamiento se habría pospuesto indefinidamente.
Todo apunta a que sí, pese a que la arquitectura Rubin ya se está usando en servidores.
La menor oferta y la alta demanda hacen probable que los precios sigan bajo presión.



