Cuando uno observa cómo ha crecido la potencia del hardware en las dos últimas décadas, lo lógico sería pensar que las versiones modernas de Windows exprimen mejor cada recurso. Más depuradas, más rápidas, más eficientes.
Sin embargo, una comparativa reciente que enfrenta cara a cara a varias generaciones del sistema operativo deja una sensación distinta: una realidad incómoda que no siempre juega a favor del software más reciente.
Un viaje por 20 años de Windows: del mito del pasado a la crudeza del presente
El creador del test decidió eliminar cualquier variable innecesaria: mismo portátil, mismo procesador Intel de doble núcleo, misma memoria, misma configuración base. Una prueba que no busca elegir al más moderno, sino al más equilibrado.
Y el resultado no va precisamente en la dirección que muchos esperarían.
Windows 8.1 se impuso con claridad en el arranque gracias al uso inteligente del arranque híbrido, mientras que Windows 11 no solo fue el más lento, sino que además tardó en cargar elementos del escritorio pese a “parecer” listo.
En almacenamiento ocurrió algo similar: Windows 7 fue el que más espacio ocupó, Windows XP el más contenido… y Windows 8.1 volvió a destacar con una huella sorprendentemente reducida para su generación.
Donde el patrón se repite es en la memoria RAM. XP sigue siendo ligero por naturaleza, pero lo llamativo no está en el pasado, sino en el presente: Windows 11 fue el sistema que más RAM consumió tras el arranque, y en escenarios reales, como la apertura masiva de pestañas, terminó quedándose atrás frente a versiones anteriores.
Incluso en tareas de uso cotidiano, exportes de audio, edición ligera de vídeo, apertura de aplicaciones básicas, el comportamiento del último Windows quedó por debajo del resto en numerosas ocasiones, especialmente cuando el trabajo dependía de un único hilo de CPU.
Qué nos dicen realmente estos resultados
El propio autor del benchmark admite sus limitaciones: no es un laboratorio perfecto, ni pretende sentar cátedra. Pero sí lanza un mensaje.
Las versiones modernas de Windows no siempre priorizan la optimización, sino la abundancia de recursos disponibles. Se asume que habrá más RAM, más núcleos, más almacenamiento… y el desarrollo evoluciona en consecuencia.
El problema es que, cuando el hardware es modesto, aunque cumpla requisitos, la experiencia se resiente.
Curiosamente, el gran reivindicado del test no es XP, sino algo aún más sorprendente: Windows 8.1 fue una de las versiones mejor afinadas de la historia reciente, eclipsada en su día por el rechazo al nuevo menú Inicio más que por sus méritos técnicos.
Puedes seguir a HardwarePremium en Facebook, Twitter (X), Instagram, Threads, BlueSky o Youtube. También puedes consultar nuestro canal de Telegram para estar al día con las últimas noticias de tecnología.
FAQ – Windows a lo largo de los años
En equipos modestos, 8 GB pueden quedarse cortos según las pruebas realizadas.
Es más ligero, pero no compatible con software moderno ni seguro para uso diario.
En varios escenarios del test mostró mejor equilibrio entre consumo y rendimiento.
No, pero ofrece una fotografía realista del rendimiento en hardware modesto.
No necesariamente: Windows 11 aporta funciones y seguridad, pero exige más recursos.



