Cuando una tecnología madura, deja de ser promesa y pasa a ser rutina. Eso es justo lo que está ocurriendo con los monitores OLED, cada vez más presentes en escritorios de trabajo y setups de juego. La pregunta ya no es si ofrecen una imagen sobresaliente, sino cómo envejecen cuando se les exige durante años. Un experimento reciente pone números y contexto a una preocupación recurrente: el burn-in.
Una prueba larga y condiciones exigentes
El test procede del canal de YouTube Optimum, que ha sometido a un LG UltraGear 32GS95UV con panel WOLED de 32 pulgadas a 3.000 horas de uso, equivalentes a unos dos años con una media alta de encendido diario. Durante ese periodo, el brillo se mantuvo entre el 80 % y el 100 %, con todas las protecciones del fabricante activadas en valores estándar.
El monitor se utilizó como pantalla principal para tareas de productividad, edición y consumo multimedia. En el apartado lúdico, un título destacó por encima del resto: Overwatch 2. Aproximadamente 400 horas de juego bastaron para dejar huella, no por escenas espectaculares, sino por algo mucho más mundano: su interfaz fija y de alto contraste.
Las comprobaciones finales se realizaron con patrones grises y de color sólido. Solo así fue posible identificar restos del HUD, como la barra de vida, visibles en zonas concretas del panel.
Lo que ve el usuario y lo que no
Aquí llega el matiz importante. Durante un uso normal, esas marcas no resultan evidentes. De hecho, el propio autor del test reconoce que, sin una búsqueda intencionada, pasarían desapercibidas para la mayoría. A cambio, el monitor mantiene virtudes muy apreciadas: negros profundos, contraste elevado y una reproducción cromática muy precisa.
Eso no significa que el riesgo sea irrelevante. Los elementos estáticos intensos siguen siendo el mayor enemigo de esta tecnología, incluso con sistemas como el desplazamiento de píxeles o los ciclos de limpieza automática. Juegos con indicadores persistentes o aplicaciones con barras fijas prolongadas concentran el desgaste en las mismas áreas.
Como medida preventiva, se recomiendan ajustes sencillos: modo oscuro en el sistema operativo, ocultar barras cuando sea posible y permitir que la pantalla se apague tras periodos breves de inactividad. No eliminan el fenómeno, pero sí reducen su impacto acumulado.
Una decisión que depende del perfil
El debate en los comentarios del vídeo refleja posiciones opuestas. Algunos jugadores intensivos consideran que las marcas aparecen antes de lo deseable. Otros aceptan ese desgaste como un peaje asumible a cambio de una calidad de imagen difícil de igualar con otras tecnologías, como el Mini-LED.
La conclusión no es universal. Este caso demuestra que el burn-in existe, pero también que no siempre condiciona la experiencia diaria. Elegir un monitor OLED hoy implica entender cómo se usa, cuántas horas permanece encendido y qué tipo de contenido domina la pantalla. Con esa información, la decisión resulta mucho más consciente y menos alarmista.
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FAQ
Es un desgaste desigual del panel causado por elementos estáticos que permanecen mucho tiempo en la misma posición.
No necesariamente. En muchos casos solo se aprecia con patrones de prueba específicos.
Su interfaz mantiene barras y contadores fijos con alto contraste durante sesiones prolongadas.
Ayudan a reducir el efecto, pero no lo eliminan en escenarios exigentes.
Depende del perfil de uso: ofrece una imagen sobresaliente, pero conviene aplicar hábitos que cuiden el panel.



