Ninguna organización del mundo opera tantos robots como Amazon: más de un millón trabajan sin descanso en sus almacenes. Sostienen decenas de millones de entregas diarias en el mismo día o al siguiente. Amazon Robotics, la división heredada de Kiva Systems, fabrica gran parte de esa flota. La compañía prevé engrosarla en los próximos años con nuevas fábricas de robots cada vez más capaces.
El despliegue convive con una plantilla enorme. Según su informe anual de 2025, la empresa es el segundo mayor empleador corporativo del planeta. Cuenta con más de 1,5 millones de trabajadores a tiempo completo y parcial. Los directivos aseguran que los robots alivian las tareas más duras. Son las que más fatiga física y más riesgo de lesiones acarrean para las personas. Los grupos de defensa de los trabajadores y varios investigadores independientes advierten, en cambio, de un problema. La automatización con IA no es todo ventaja para quienes comparten espacio con las máquinas.

Robots que marcan el ritmo de quienes trabajan a su lado
Brian Greenwood, profesor de negocios de la Universidad George Mason, explicó que durante un siglo la automatización ha ocurrido casi siempre lejos del trabajador. Sus palabras: «Quitas esa tarea de alto riesgo al trabajador, y lo haces de una forma que no es físicamente cercana». Con los robots colaborativos cambian dos cosas, según él: «Es físicamente cercana y el robot tiene la capacidad de dictar el ritmo de trabajo».
El ritmo ya era exigente en los centros logísticos del comercio electrónico. La promesa de entregas rápidas para sus 200 millones de suscriptores de Prime exige que cientos de miles de empleados preparen y despachen pedidos. Esos pedidos mezclan una variedad enorme de productos. Gran parte de ese trabajo son tareas «aburridas, sucias y peligrosas» que muchos preferirían ceder a una máquina. La Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de EE. UU. (OSHA) señala que la tasa de lesiones y enfermedades en los almacenes del país suele superar el doble de la media de todos los sectores.
Greenwood añade que casi 2 millones de personas trabajan en ese sector en Estados Unidos, con una rotación y una siniestralidad muy altas. Aun así, los robots están lejos de poder hacer todo lo que hacen las personas. La plantilla humana sigue trabajando codo con codo con las máquinas con ruedas y los brazos robóticos, y la convivencia se complica cuando hay que seguir el compás de un robot. Quien siga el catálogo de la empresa más allá de los almacenes encontrará, por ejemplo, la tablet de Amazon con Alexa y Google Play. Es un producto de consumo que nada tiene que ver con esta flota.

De Kiva a las nuevas fábricas de robots
La flota arrancó con la compra de Kiva Systems en 2012. Aquella firma fue pionera en robots móviles con ruedas que llevan los estantes hasta el empleado, en lugar de obligarle a recorrer los pasillos. Rebautizada como Amazon Robotics, la unidad despliega robots móviles y brazos que la empresa fabrica sobre todo en instalaciones propias de Massachusetts. Este año ha anunciado además dos fábricas más, en Austin (Texas) y en Greenwood (Indiana).
Scott Dresser, vicepresidente de Amazon Robotics, resumió el enfoque: «Hay un tema en cómo vemos los retos en los que podemos ayudar a nuestros asociados y empleados, y en cómo podemos mejorar la vida de nuestros clientes con estas tecnologías». Y añadió que en cada paso abordan «un conjunto de desafíos técnicos difíciles y profundos».
La mayor parte del millón de robots sigue siendo de ruedas. Amazon afirma que su sistema Sequoia, que coordina enjambres de estos robots, identifica y almacena artículos hasta un 75 % más rápido en los centros logísticos. Los modelos Hercules y Titan, del tamaño de una mesa de billar y de un piano de cola respectivamente, recorren los pasillos para recoger los «pods». Son unas estanterías de tela altas llenas de cajas de plástico, y los robots las llevan a los puestos de los empleados.
Estos robots suelen seguir cuadrículas de pegatinas colocadas en el suelo y trabajan en zonas valladas, apartadas de las personas. El más reciente, Proteus, lleva sensores que le permiten moverse con seguridad entre humanos y obstáculos con mayor libertad. Como los enjambres que cruzan carriles estrechos pueden provocar atascos, Amazon coordina ahora sus robots con DeepFleet, un conjunto de modelos de IA fundacionales que anticipa la congestión.

Amazon Robotics prevé más que duplicar su flota de brazos robóticos este año
Amazon Robotics despliega cada vez más brazos capaces de alcanzar artículos en lo alto de los pods, clasificar paquetes y colocarlos en carros o sobre robots móviles. Esos brazos manejan además la gran variedad de productos que piden los clientes. El director financiero, Brian Olsavsky, dijo en la presentación de resultados de julio que la compañía espera más que duplicar su flota de brazos este año. Dresser precisó que hoy se cuentan por miles de un solo dígito.
Los tres modelos citados hasta ahora son estos:
- Robin: el primer brazo desarrollado en casa para separar sobres y cajas de montones desordenados; empezó a probarse en 2021 y debutó en 2022 en un centro de Lakeland (Florida). Usa ocho ventosas, y su software analiza una vista cenital de la cinta cargada de paquetes y ordena las posibles acciones antes de actuar.
- Cardinal: coloca paquetes de hasta 50 libras (unos 59 euros al cambio) en carros con ruedas que acaban en los camiones de los muelles de carga. Empezó a operar en noviembre de 2022 en Nashville (Tennessee), y Amazon acaba de comenzar a desplegarlo en mayor número, algo que seguirá haciendo durante varios años, según Dresser.
- Sparrow: posterior a los dos anteriores, según la propia Amazon manipula millones de productos distintos mientras llena cajas del tamaño de un contenedor.
Cómo Amazon Robotics enseñó a sus brazos a empaquetar
Antes de Robin, Amazon compraba a terceros brazos que levantaban y apilaban palés y cajones pesados. Dresser explicó que Robin fue el primer intento de tomar pedidos mezclados, identificar los artículos y decidir cómo cogerlos. También trazaba un plan de movimiento para dejarlos sobre una unidad móvil. Cardinal aprovechó esa experiencia y añadió el empaquetado denso. «Piensa en un juego de Tetris», dijo Dresser: se clasifican paquetes y se colocan en el carro lo más compactos posible, lo que beneficia tanto a la sostenibilidad como al coste del transporte.

Así aprendieron los brazos a elegir paquetes
En un estudio de 2023, el equipo describió varias estrategias de selección iniciales, todas con límites. Priorizar los paquetes grandes fallaba cuando los pequeños se solapaban con ellos. Elegir los más altos de la pila no lograba recoger los «picks inalcanzables» ni los paquetes parcialmente enterrados. La mejora llegó al sustituir esos algoritmos manuales por aprendizaje automático. El modelo se entrenó con más de 394.000 acciones de selección de brazos en servicio para estimar la probabilidad de éxito, y un clasificador en línea elegía la mejor acción para los Robin.
El mejor método de aprendizaje automático logró un 93,73 % de aciertos, frente al 92,28 % del mejor algoritmo tradicional. Parece poco, pero equivale a unos 16.500 fallos menos en un periodo de más de 1 millón de selecciones, y a esa escala importa. En un experimento con 2 millones de selecciones en puestos que recreaban la operativa de la flota de Robin, el método redujo un 20 % la tasa de fallos. El equipo presentó ese trabajo en el Simposio Internacional de Robótica Experimental de julio de 2025.
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Preguntas frecuentes
Más de un millón. La mayoría son robots móviles con ruedas, y los brazos robóticos se cuentan por miles de un solo dígito, según Scott Dresser.
En Austin (Texas) y Greenwood (Indiana), según lo anunciado este año. Hasta ahora fabricaba sus robots sobre todo en instalaciones de Massachusetts.
Más de 1,5 millones, entre tiempo completo y parcial, según su informe anual de 2025. Es el segundo mayor empleador corporativo del mundo.
El director financiero, Brian Olsavsky, dijo en la presentación de resultados de julio que la empresa espera más que duplicarla este año.
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